jueves, abril 06, 2006

La situación política en Latinoamérica

LATINOAMÉRICA: danzas y contradanzas

Por Luis Antonio Barry

En el panorama general de la región y desde hace algunos años se viene advirtiendo una tendencia bastante generalizada que consiste en el deseo de derrotar electoralmente a los viejos esquemas políticos o a las fuerzas que detentan el poder desde hace tiempo.

Lo que también llama la atención es que con bastante frecuencia ese deseo ha prohijado a fuerzas exóticas por llamar de algún modo a las nuevas agrupaciones o ha generado la aparición de figuras un tanto extrañas al escenario habitual o, en algunos casos, a personas asociadas a ciertos atributos transgresores si se los compara con los esquemas o costumbres tradicionales.

La primera aparición contemporánea fue la de Alberto Fujimori en el Perú. Figura hasta entonces ajena a las gravitaciones políticas. Un rector universitario, de origen racial minoritario entre los que han poblado las américas, derrotó al prestigioso escritor Mario Vargas Llosa a través de lo que dio en llamarse “el fujimorazo” . También dio origen al costumbrismo político de llamar “fujimori” a todo aquel extraño que obtuviera un triunfo, más si lo era sobre un adversario de presencia tradicional.

Habrá para ocuparse de otros casos pero prefiero agotar la situación de este país.

A las desventuras políticas de Fujimori y su posterior renuncia mientras se encontraba en el Japón le sucedió un gobierno provisional tras el cual accedió a la presidencia otro candidato que fuera muy opositor y que su prestigio lo coronaba con su condición de descendiente de indígenas, Alejandro Toledo, para lo cual hasta su fisonomía personal contribuye.

Toledo está casi al fin de su mandato y en estos días se celebran elecciones presidenciales y ya por tercera vez pareciera que Perú ensaya su tendencia hacia los candidatos exóticos ya que encabeza las encuestas el coronel Ollanta Humala, fallido golpista contra Fujimori y que exclama un nacionalismo exacerbado con ingredientes de gruesa intolerancia.

Fujimori fue un autócrata que contó con mecanismos sofisticados para la extorsión y el servilismo, que cayó en un régimen de alta corrupción y que creyó en la eternidad del poder, característica bastante frecuente en Latinoamérica, mediante la estabilidad económica y la derrota a la guerrilla de Sendero Luminoso.

Toledo por su parte ha ido ensayando distintos esquemas de poder, más delegándolo que ejerciéndolo, y ha demostrado una debilidad y una falta de coherencia que lo han llevado a bajísimos índices de popularidad. No obstante la situación económica se ha mantenido en buenos términos gracias a factores externos favorables para la colocación de sus productos.

Ahora tal vez le toque el turno a este coronel golpista apoyado, según se dice, por el presidente de Venezuela Hugo Chávez, que cuenta con antecedentes similares.

Pero los demás casos, por mencionar los más notorios, Chávez en Venezuela, Fox en México, Gutiérrez en Ecuador y algunos más muestran un panorama por el cual en la mayor parte de los casos no han resultado una solución con esa ruptura a las tradiciones políticas.

No significa esto avalar ni añorar los regímenes del PRI en México, de ADECO y sus acompañantes en Venezuela ni el desquicio de Ecuador con una sucesión de presidentes luego de la figura singular de Abdala Bucaram, pero lo que aquí se trata de ver es esa ida y venida en la búsqueda de personajes en algunos casos hasta carismáticos, como salida y alternativa para las soluciones que se esperan y que se demoran cada vez más.

Se asiste también con expectativa a la gestión de Evo Morales en Bolivia. No se pueden hacer análisis ni vaticinios todavía dada la reciente asunción pero la expectativa es mayor por la singularidad de la persona que encaja perfectamente y hasta en demasía en las primeras definiciones de este análisis y porque hay muchos observadores atentos a la aparición del síndrome que a aquejado a todas las figuras del mismo carácter.

Más atenuadas resultan las experiencias con Lula en Brasil y con Vázquez en Uruguay ya que si bien cortaron tradiciones políticas las fuerzas a las que representan integran las respectivas partidocracias nacionales y en ambos casos ya habían tenido anteriores aspiraciones presidenciales.

La Argentina, Paraguay y otros países se siguen manejando dentro de sus débiles democracias donde las cosas cambian generalmente de nombre pero son las mismas cosas de siempre, sin que se corrijan cuestiones de fondo y menos aún se planteen cuestiones de importancia hacia el futuro .

En la descripción del panorama no puede dejar de citarse el caso de Colombia donde un presidente con alto índice de popularidad está encaminando las posibilidades de su reelección para poder extender su gestión obsesionada en lograr la pacificación del país mediante la derrota de la guerrilla que lo tiene en vilo desde hace muchos años.

También me atrevo a citar en este mosaico de casos la situación de Costa Rica. Allí fue presidente hace algunos años Oscar Arias que siéndolo obtuvo el premio Nobel de la Paz y que dejara el cargo con un enorme prestigio y con lamentos populares de que la estable y modélica democracia del país no permitiera su reelección. También en este caso el tiempo recorta las figuras y si bien Arias ahora vuelve a la presidencia de Costa Rica ha ocurrido tras elecciones muy parejas y que ha ganado por una mínima diferencia.

Largos párrafos merecería la situación de Venezuela. No sólo por las características del gobierno y de su gobernante principal sino por el grado de presencia y hasta de intromisión en los asuntos de otros países mediante ayudas económicas y hasta con planes faraónicos como el gasoducto hasta llegar a la Argentina. El barril de petróleo oscilando los 50 dólares le está brindando al presidente Chávez unas posibilidades de expansión política que se contradicen con los efectos internos ya que, salvo los comprometidos por intereses políticos, nadie reconoce avances que tiendan a corregir los índices de pobreza y de desamparo que azota a los venezolanos. Pero ese análisis sobre el expansionismo y la tutela sobre Cuba, similar a la que tuvo la URSS, no son los motivos de este trabajo

México apunta a ser también y nuevamente un caso de análisis y expectativa. Las posibilidades crecientes de López Obrador, frente al PRI y a la fuerza del oficialismo, coloca otra vez ante el caso del vigor de la figura preeminente sobre las ideas.

Chile es un ejemplo totalmente distinto. Desde el retorno a la democracia ha tenido una ordenada sucesión de presidentes provenientes de fuerzas coalicionadas pero distintas como el socialismo y la democracia cristiana. Sus luchas electorales han sido ejemplares en el respeto y en la identificación de los problemas de fondo. Cada presidente ha sido ministro de su antecesor y así continuamente lo que ha venido dando una coherencia que torna a Chile como un caso muy especial.

Pero en definitiva y sobre el panorama que se ha querido exhibir está una condición incontrastable y fácilmente verificable. Los países que no han apelado a movimientos o figuras “fuera de línea” han sido y son los que tienen políticas de estado claramente definidas, con mirada y sentido de futuro, con menores índices de corrupción , lo que ha permitido que cada presidente adecue o corrija el rumbo en función de circunstancias, tiempos, contingencias o modos, pero siempre preservando el objetivo que, por otra parte, generalmente cuenta con respaldo popular.

En este sentido nuevamente cabe citar el caso de Chiile como paradigma y si bien distantes del ejemplo y en forma más atenuada a Brasil, Uruguay y hasta a México, aunque en algunas cosas.
La permanente costumbre de echar las culpas al anterior, de querer avanzar con ataduras de retrospección, de apostar a personas y no a políticas, de creer en personajes milagreros y de ensayar siempre nuevas fórmulas para estar siempre empezando es lo que facilita el escenario para la aparición no siempre afortunada de estos personajes singulares que, en general, no han sido capaces de producir las mejoras esperadas.

Dejo de lado las apuestas que hablan de una tendencia hacia la izquierda o algo así porque me parecen categorizaciones perimidas y carentes de sentido. Hacen falta políticas nacionales con ingredientes varios que no se pueden adjudicar con exclusividad a ninguna de las alternativas de ese facilista y superado esquema de derecha-izquierda.

Será el momento en que Latinoamérica, conciente de sus posibilidades, fortalezca las instituciones de la democracia, mantenga regímenes republicanos ciertos y crea en las políticas definidas y de largo plazo cuando se podrá llegar a vislumbrar un futuro promisorio. Por ahora este muestrario no parece augurarlo, lamentablemente.

Seguirán, entonces, las danzas y contradanzas.

Buenos Aires, abril de 2006.-




El autor, Luis Antonio Barry

Luis Antonio Barry, uno de los más prestigiosos líderes en materias educativas. Ha sido Presidente de la ATEI (Televisión Educativa Iberoamericana) y asesor internacional del portal Universia (más de 900 universidades socias en 11 países actualmente).

Educador de vocación y corazón, este abogado desempeñó cargos claves en el sistema educativo de Argentina durante muchos años, entre ellos:

Director General de Educación del Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires, Asesor de Educación Superior y de Educación de Adultos de la Provincia de Buenos Aires, Asesor de Educación del Senado de Buenos Aires, Secretario de Estado de Educación de la nación, Ministro de Educación de la Provincia de Corrientes).

Es autor de
La transferencia de los servicios educativos y pasa por ser uno de los mayores expertos del mundo en temas de América Latina de la que es profundo conocedor, tanto de sus líderes como de sus singularidades, idiosincrasias y problemas.

Luis Barry es uno de los principales activos de Argentina, país del que tiene una acreditada opinión internacional tras su dilatada experiencia pública y privada, esta última a través de empresas tan significativas para la economía argentina como Aerolíneas Argentinas.